Teletrabajo: una transformación inconclusa
Teletrabajo: una transformación inconclusa
Por Juana Rincón, Senior en People & Change
En el último año, muchas organizaciones comenzaron a revisar sus esquemas de teletrabajo y a impulsar una mayor presencialidad. El debate volvió a instalarse: cuántos días en la oficina, qué tan híbrido debe ser el modelo, cómo asegurar productividad y compromiso.
Sin embargo, detrás de esta tendencia surge una pregunta más profunda: ¿el teletrabajo falló como modelo o nunca terminó de adoptarse como forma de trabajar?
Implementado rápido, gestionado tarde
En su momento, en un contexto de pandemia por el COVID, el teletrabajo se implementó de manera acelerada para garantizar continuidad operativa. La prioridad fue sostener el negocio. La gestión del cambio, en muchos casos, quedó relegada.
Se definieron políticas, esquemas híbridos y lineamientos generales, pero no siempre se trabajó sobre cómo cambiaban realmente los roles, la toma de decisiones, el liderazgo y la colaboración. Con el tiempo, esa adopción incompleta comenzó a mostrar sus límites.
Cuando el modelo cambia, pero los comportamientos no
En muchas organizaciones, el esquema formal evolucionó, pero los comportamientos siguieron respondiendo a la lógica presencial.
En este escenario, la vuelta a la presencialidad aparece muchas veces como respuesta a una adopción fallida, no necesariamente como una decisión estratégica en sí misma.
Liderar en híbrido requiere algo más que volver atrás
El trabajo remoto dejó en evidencia que liderar equipos distribuidos exige nuevas capacidades. Volver a la oficina no resuelve, por sí solo, los desafíos de coordinación, claridad y confianza que el trabajo híbrido puso sobre la mesa.
Sin acompañamiento, es habitual que los líderes repliquen prácticas conocidas en contextos que ya cambiaron. La gestión del cambio permite justamente redefinir expectativas, roles y acuerdos, más allá del lugar físico desde donde se trabaja.
De la política al modo de trabajar
El teletrabajo no es solo una política laboral ni un beneficio. Es una forma de trabajar que requiere hábitos, acuerdos y una cultura coherente. Gestionarlo solo como un esquema de presencialidad o virtualidad limita su impacto y genera tensiones innecesarias.
En definitiva, el desafío no es elegir entre remoto o presencial, sino cerrar la brecha entre implementar un modelo y lograr que se adopte en el día a día. Porque cuando no hay adopción, el cambio —sea remoto, híbrido o presencial— no se sostiene.
Trabajar la adopción más allá del modelo
Desde BDO Change acompañamos a las organizaciones a trabajar esa brecha, diseñando y gestionando el cambio para que los modelos de trabajo funcionen en la práctica, se sostengan en el tiempo y generen resultados reales, independientemente de dónde se trabaje.


