Data Privacy

Incidentes de datos personales: prepararse antes de responder

Por Solange Galaz, Supervisora en Data Privacy

Los incidentes de datos personales muchas veces comienzan con situaciones cotidianas: un correo enviado al destinatario equivocado, una carpeta compartida con permisos excesivos, una base exportada sin las medidas adecuadas, un proveedor que informa un evento fuera de tiempo o un equipo que, con la intención de contener rápido, elimina información que luego era necesaria para analizar lo ocurrido.

Ese tipo de situaciones pueden parecer menores. Sin embargo, cuando involucran datos personales, obligan a la organización a responder preguntas que no siempre están resueltas: qué información fue afectada, quiénes son los titulares, si existen datos sensibles, si hubo acceso no autorizado, qué evidencia debe conservarse, qué áreas deben intervenir, si corresponde notificar o cómo dejar trazabilidad de cada decisión.

En ese punto, queda claro que la gestión de incidentes de datos personales es una cuestión de gobierno, cumplimiento, riesgo, continuidad y confianza. De acuerdo con el Cost of a Data Breach Report 2025 de IBM, el costo promedio global de una brecha de datos fue de USD 4,44 millones. 

El mismo informe señala que el phishing fue el vector de ataque más frecuente dentro de las brechas analizadas, con un promedio de costo de USD 4,8 millones. A su vez, el 2025 Data Breach Investigations Report analizó 22.052 incidentes de seguridad y 12.195 brechas confirmadas, lo que refleja la magnitud y recurrencia de este tipo de eventos en organizaciones de distintos tamaños y sectores.

El impacto, sin embargo, no se mide únicamente en términos económicos. Una respuesta desordenada puede generar pérdida de evidencia, demoras en la toma de decisiones, comunicaciones inconsistentes, incumplimientos contractuales o regulatorios, y, especialmente, deterioro de la confianza de clientes, empleados, proveedores y socios de negocio.


¿Cómo responder a los incidentes de datos?


Uno de los errores más frecuentes es asumir que, si existe un procedimiento, la organización está preparada. Contar con documentación es necesario, pero no suficiente. La pregunta relevante es si ese procedimiento puede aplicarse en la práctica: si las personas saben a quién reportar, si los roles están definidos, si existen suplentes, si se conserva evidencia, si los proveedores tienen obligaciones claras de aviso y cooperación, si hay criterios para evaluar el riesgo o si las decisiones quedan documentadas.

También es habitual que la respuesta inicial se concentre en contener el evento desde lo técnico. Esa actuación es indispensable, pero debe estar coordinada con una mirada de privacidad y legales desde el comienzo. No alcanza con saber si un sistema fue comprometido o si un archivo fue eliminado, es necesario comprender qué datos personales estuvieron involucrados, cuál es el posible impacto sobre las personas, qué obligaciones se activan y qué medidas resultan proporcionales al caso.

La velocidad importa, pero actuar rápido sin preservar evidencia, sin clasificar el incidente o sin entender el alcance real puede aumentar el riesgo. Una respuesta madura requiere equilibrio: contener el evento, evaluar el impacto, documentar el análisis, definir responsabilidades y sostener cada decisión con criterios claros.
Prepararse implica revisar el ecosistema completo de privacidad, contar con un mapa razonable de tratamientos de datos, procesos críticos identificados, controles adecuados, contratos alineados, equipos capacitados y canales de reporte conocidos.

En este sentido, las organizaciones deberían preguntarse:
  • ¿Sabemos qué datos personales tratamos y dónde se encuentran?
  • ¿Tenemos identificados los procesos con mayor nivel de exposición?
  • ¿El personal sabe cómo reportar una situación sospechosa?
  • ¿Existe una diferencia clara entre evento de seguridad e incidente de datos personales?
  • ¿Los proveedores tienen obligaciones definidas de notificación y cooperación?
  • ¿Contamos con criterios para evaluar riesgo, impacto y necesidad de comunicación?
  • ¿Documentamos las decisiones, evidencias y medidas adoptadas?

Estas preguntas permiten detectar brechas concretas. También muestran que la preparación no depende de un único documento, sino de una forma de trabajo coordinada entre privacidad, ciberseguridad, legales, sistemas, negocio, comunicación y terceros involucrados.

Prepararse antes permite responder mejor, reducir impactos y demostrar una gestión responsable de los datos personales. Por eso, a través de nuestro equipo de Ciberseguridad, desde BDO acompañamos a las organizaciones en el diseño y fortalecimiento de programas de privacidad que permitan responder de forma segura y eficiente a los riesgos de las organizaciones.