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Brechas de datos: exfiltración, impacto reputacional y el desafío de notificar

Por Solange Galaz

Durante años, los incidentes de seguridad se analizaron principalmente desde una perspectiva técnica: cómo ingresó el atacante, qué sistema fue comprometido y cómo restaurar la operación.

Sin embargo, el escenario actual muestra una realidad distinta. Hoy, en la mayoría de los incidentes relevantes, la exfiltración de datos ya no es unl a consecuencia eventual, sino parte central de la estrategia de ciberataque.

La evidencia empírica muestra que el robo de información se ha convertido en un componente habitual de las amenazas digitales modernas. Esto ocurre tanto en campañas de ransomware, como en incidentes donde se explotan vulnerabilidades técnicas, configuraciones débiles o accesos indebidos para extraer datos de manera silenciosa.

En este contexto, la amenaza ya no se limita a la indisponibilidad operativa, sino que se extiende a la exposición pública y la comercialización o uso indebido de datos personales, confidenciales o estratégicos.

Exfiltración: el verdadero punto de inflexión

La evolución de las técnicas de ataque explica buena parte de este fenómeno. Cada vez con mayor frecuencia, los atacantes priorizan la extracción silenciosa de información antes de ejecutar cualquier acción visible, maximizando la presión sobre la organización y el impacto reputacional del incidente. En muchos casos, cuando la empresa detecta el problema, los datos ya han salido del perímetro y el alcance real de la información comprometida aún no está completamente claro.

Este punto marca un quiebre significativo: el incidente deja de ser exclusivamente técnico y pasa a convertirse en un evento legal, regulatorio y reputacional. A partir de allí, ya no alcanza con contener el ataque o restaurar sistemas, sino que comienzan a correr plazos, obligaciones y decisiones complejas, muchas veces en escenarios de información incompleta y bajo presión.

El costo de la brecha de datos frente a la exfiltración

Las cifras ayudan a dimensionar este cambio de paradigma. Diversos estudios internacionales muestran que el costo promedio global de una brecha de datos supera los USD 4,4 millones, y se incrementa de forma significativa cuando el incidente involucra exfiltración de información.
El factor tiempo agrava aún más el escenario. En promedio, las organizaciones tardan más de 180 días en identificar un incidente y cerca de 240 días en contenerlo por completo. Desde una perspectiva legal y de cumplimiento, estos plazos generan tensiones evidentes con los marcos normativos de protección de datos, que exigen evaluaciones tempranas, análisis de riesgo y decisiones documentadas en plazos considerablemente más acotados.

A esto se suma la naturaleza del dato comprometido. En la mayoría de las brechas analizadas a nivel global, se ven involucrados datos personales, lo que convierte a estos incidentes en eventos con impacto directo en los derechos de los titulares y en obligaciones frente a autoridades de control, clientes y terceros.

Más incidentes y complejidad en América Latina

En Latinoamérica, el contexto presenta desafíos adicionales. La región registra uno de los mayores ritmos de crecimiento en incidentes de ciberseguridad divulgados, impulsados por ransomware, extorsiones digitales y explotación de vulnerabilidades, en un escenario de digitalización acelerada y niveles desiguales de madurez en ciberseguridad y gobierno de la información.

Esta combinación incrementa el riesgo de impactos económicos significativos y de afectación de derechos fundamentales, como la privacidad y la continuidad de servicios esenciales. En la práctica, esto se traduce en organizaciones que deben tomar decisiones críticas, como notificar o no, a quién y en qué términos, sin contar aún con certeza total sobre el alcance del incidente o el riesgo real para los titulares de los datos.

Notificar no es solo “avisar”

Uno de los errores más frecuentes en la gestión de brechas es tratar la notificación como un trámite aislado o meramente formal. En realidad, la notificación es el resultado de un proceso de análisis, que debe integrar información técnica, evaluación jurídica del riesgo y documentación de las decisiones adoptadas.

Cada vez más, las autoridades de control ponen el foco no solo en la notificación, sino en cómo llegó la organización a esa conclusión, qué análisis realizó, qué evidencia tuvo en cuenta, qué medidas adoptó y cómo dejó registro del proceso. En este punto, la coordinación entre equipos técnicos, legales y de negocio pasa a ser indispensable.

Legal Tech e incidentes: una convergencia necesaria

Este escenario explica por qué las respuestas más sólidas frente a brechas de datos ya no se apoyan únicamente en herramientas de ciberseguridad. La gestión efectiva de incidentes requiere capacidades de Legal Tech que permitan registrar decisiones, evaluar impactos, gestionar comunicaciones, conservar evidencia y demostrar diligencia ante terceros.

No se trata solo de reaccionar ante un incidente, sino de acompañarlo de punta a punta, desde la detección inicial hasta el cierre regulatorio y la gestión posterior del riesgo. En un contexto donde la exfiltración se ha vuelto una práctica frecuente, la diferencia entre un incidente contenido y una crisis prolongada suele estar en la preparación y en la calidad del acompañamiento durante las decisiones críticas.

Lecciones de experiencias reales

La experiencia acumulada en la gestión de brechas en Argentina y en la región muestra un patrón claro: la mayoría de las crisis se prolongan no por el incidente en sí, sino por la improvisación y la falta de un plan previo. Contar con protocolos definidos y con un equipo de privacidad preparado, que integre especialistas en ciberseguridad, auditoría, privacidad y derecho, permite reducir tiempos, ordenar decisiones y minimizar impactos.

En más de una ocasión, una intervención temprana y bien documentada ha permitido evitar sanciones, encauzar notificaciones y transformar situaciones caóticas en procesos de cumplimiento razonables. En un escenario donde la exfiltración de datos es cada vez más frecuente, preparar la respuesta antes de que ocurra la brecha ya no es una opción, sino una necesidad.