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  • Obras por impuestos: una solución para esta coyuntura

Obras por impuestos: una solución para esta coyuntura

Guillermo Poch , Socio de Impuestos y Legales |

02 julio 2020

Corre el tiempo de la pandemia y el efecto cuarentena va socavando los pilares de
una economía que -desde antes de que se diera esta situación- ya era frágil. En un
contexto en el cual las incertidumbres son mayores a las certezas, el Estado debe
convertirse en protagonista, a fin de proveer soluciones rápidamente.

Se sabe, desde un punto de vista teórico y práctico, que la economía -a través de la ley de
la oferta y la demanda- no se corrige rápida ni automáticamente, de ahí que la
articulación del Estado, a través de sus decisiones, se convierte en algo de vital
importancia.

A partir de un análisis rápido, en la actualidad el problema está circunscripto a la
manifiesta paralización de las actividades, un exacerbado gasto público (intentando
proveer de asistencia a aquellos que perdieron o vieron disminuidas sus fuentes de
ingresos) y una alta presión tributaria.

Bien se conoce que la solución de los problemas está en cada problema. Es decir, el
remedio para la problemática aquí comentada debe necesariamente amalgamar la
reactivación de las actividades, contribuir a disminuir el gasto del Estado y reconvertir
la alta presión tributaria en una carga fiscal que brinde una efectiva respuesta a quienes
la pagan y que, en lo inmediato, el Estado no puede dar.

Desde tal perspectiva, aparece como una de las alternativas que el sector privado
cancele sus impuestos a través de la realización de obras que previamente sean
autorizadas por el Estado. Esta opción es denominada "obras por impuestos".

Bajo este mecanismo propuesto, las compañías invertirían en ciertos sectores que el
Estado previamente habilita, y el gasto erogado en la obra es utilizado para cancelar las
obligaciones tributarias futuras, conforme un esquema que debería ser reglamentado.

Bajo esta manera de pagar los impuestos subyace la solución para el problema antes
mencionado. De manera acelerada el mecanismo reporta ventajas a las empresas, a las
personas y al Estado.

Las empresas canalizan el costo de los impuestos en obras que necesitan para su propia
actividad (infraestructura, instituciones sanitarias, establecimientos de educación para
la capacitación, etcétera). De alguna forma, se contribuye a que las empresas le den al
costo de sus impuestos un uso inmediato y ajustado a sus realidades.

Las personas obtienen un doble beneficio: el cobro de salarios por la reactivación de las
fuentes de trabajo, y las propias obras, que sirven para dar la asistencia que se requiera.
Y el Estado -y, principalmente, la administración de turno- hace obras a través del
sector privado, que anticipa los fondos a cuenta de futuros gravámenes (obtiene
financiamiento barato), le dota de transparencia y le quita el riesgo de la realización
(porque transfiere la responsabilidad de su ejecución).

Desde un punto de vista práctico, el esquema funcionaría del siguiente modo. El Estado
detecta un déficit, por ejemplo, de salas de atención sanitaria en una cierta zona, y una
fábrica cercana advierte que si sus empleados se enfermaran no tendrían atención
inmediata. En ese contexto, el municipio, la provincia o el Estado nacional (según el tipo
de obra) habilita la financiación de la construcción a cuenta de impuestos de la empresa.
Es importante poner de manifiesto que la solución aquí propuesta no resulta novedosa
ni innovadora en la región. Países como Colombia y Perú, de hecho, aplican este
mecanismo.

A modo de síntesis: el esquema de obras por impuestos se podría convertir en el
catalizador de los problemas actuales y, a su vez, podría lograr que el Gobierno se
asegure la realización de obras que tanto las empresas como las persona necesitan en un
corto plazo de tiempo.

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