• BLOCKCHAIN Y COMPLIANCE FRENTE A LOS CONTRATOS INTELIGENTES

BLOCKCHAIN Y COMPLIANCE FRENTE A LOS CONTRATOS INTELIGENTES

Carlos Rozen , Socio de Consultoría |

12 agosto 2019

Haremos un intento menos ambicioso, pues cada vez que se plantea una definición dentro del mundo de blockchain se plantean decenas de interrogantes. Una de las cosas más motivadoras que ofrece blockchain es que, por su concepción como sistema descentralizado es que no habría necesidad de pagar elevadas comisiones u honorarios a intermediarios. Sin embargo, el uso de esta tecnología además de este tipo de ahorros presenta otros argumentos en que justifican con creces considerarlo como instrumento para realizar acuerdos, tales como la disminución de tiempos y de problemas de interpretación de cláusulas. Y es verdad que las cadenas de bloques tienen sus inconvenientes inherentes, sin embargo, está sobradamente demostrado que son más veloces, económicas y seguras que los mecanismos tradicionales. Agreguemos a este concepto un “libro mayor” , también descentralizado que podría ser usado para celebrar contratos inteligentes o digitales ¿qué obtendríamos entonces? Podríamos de esta forma celebrar acuerdos que las partes podrían ver expresados con código de programación, almacenados y replicados en el sistema, y supervisados por la red de computadoras que ejecutan la blockchain. Esto también resultaría en una retroalimentación de libro mayor, pudiendo tratarse de una transferencia de dinero, recibir un producto o bien, un servicio. Los contratos inteligentes tienen utilidad creciente para transaccionar intercambiando dinero, propiedades, acciones, u otra cosa de valor. No es casualidad que corporaciones financieras y gobiernos, entre otros, están comenzando a dar sus pasos muy acelerados invirtiendo en estas tecnologías y sus procesos asociados. Imaginemos una máquina de recarga virtual de la tarjeta “Sube”. Pones dinero virtual en un quiosco digital o tu dispositivo móvil, y tienes, como por arte de magia tu tarjeta recargada.

Con los contratos inteligentes es más o menos así: pagas con criptomoneda (ej. Bitcoin) registrándose el pago en el citado libro mayor y aquí viene lo más interesante: los contratos inteligentes no solo definen cláusulas (reglas y penalizaciones) tal como lo hace un contrato tradicional, sino que también tienen el poder de hacer cumplir automáticamente esas obligaciones. Por ejemplo, la magia de la tecnología ha recargado la tarjeta Sube, y esa es la ejecución automática mediante mecánicas, reglas de negocio o algoritmos donde la intervención humana se limita a crearlas y la cadena de bloques hace el resto (le da seguridad, integridad, inalterabilidad).

Ahora pensemos en un contrato de tracto sucesivo, por ejemplo, que genera obligaciones de pagar un fee mensual durante 3 años, los cuales se determinan y transfieren de manera automatizada. ¿Quién garantiza en primera medida que las reglas han sido codificadas de manera adecuada? Y además: ¿Quién da seguridad adicional que los códigos no han sido alterados en el tiempo? Esto supone, como mínimo, la existencia de un humano experto que realice determinadas revisiones técnico-tecnológicas sobre adecuación de estos algoritmos codificados, y de la seguridad del esquema utilizado. Sin duda la madurez que va adquiriendo blockchain, sumado a otras tecnologías como “RPA” (Robotic Process Automation) o automatización robotizada de procesos, podrá ayudar a dar a las partes las garantías razonables. En definitiva, si partimos de la buena fe de las partes y de una tecnología que la pone sobre rieles para que las discrecionalidades, interpretaciones particulares, cambios de opinión, y todo otro motivo que pudiera implicar discusión o eventuales litigios entre las partes sean cuasi eliminados. Dicho de otra forma, esta tecnología nos permitiría dormir mejor y ocupar nuestro esfuerzo en celebrar otros muy buenos contratos digitales. ¿Y quién dirimirá los problemas entre partes que hayan contratado con este instrumento innovador? Existen ya desarrollos tan o más innovadores que estos acuerdos, que funcionan como un “marketplace de mediadores” que son elegidos también mediante algoritmos de inteligencia artificial sobre la base histórica de reputación. Estos emiten varias opiniones en forma simultánea e independiente representando una solución híbrida (humana y tecnológica) y a su vez irreprochable. Y se abre un mundo para el “compliance digital”, porque las regulaciones deberán ir acompañando todas estas puestas en marcha. Al respecto hoy ya estamos desarrollado canales de denuncia con la confiabilidad, integridad e inalterabilidad que blockchain le otorga; actas de directorio y asamblea digitales; aplicaciones para el chequeo de antecedentes de terceros y las debidas diligencias; copias forenses de discos para casos de investigaciones; controles automatizados y auditorías digitales, entre otros.

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