ALGUNAS REFLEXIONES SOBRE LA LEY DEL ARREPENTIDO

Es verdad que esta ley podría resultar de alta importancia para brindar a los jueces herramientas legales que le permitan investigar y perseguir los delitos de corrupción, y de esta forma dejar atrás una lamentable realidad histórica argentina respecto de la falta de investigación y condena de este tipo de actividades criminales; en otras palabras se espera poder bajar así el increíble índice de impunidad que ha contribuido de manera notoria a colocarnos entre los países más corruptos del mundo.

Desde principio del 2016 comenzaron a abrirse algunas puertas que parecían selladas, que despiden intolerables y nauseabundos aires de soborno, cohecho y corrupción. No se van a ir rápido, menos aún en un momento que parte de la justicia pareciera reaccionar lentamente luego de más de una década de letargo, o peor aún, de hacer lo contrario de lo que debiera. En otras palabras, casi cero condenas.

Algunas precisiones sobre las últimas discusiones vinculadas a la Ley del Arrepentido están muy relacionadas con los artilugios que los imputados podrían utilizar regidos por sus asesores estrategas:

El timming: uno de los factores más discutidos fue el momento para arrepentirse. Al respecto se decidió acotar el tiempo para que el imputado pueda acogerse a esta figura (podrá declararse arrepentido hasta el momento de la elevación a juicio oral. Una vez iniciado el mismo, no habrá arrepentimiento que valga.

Niveles jerárquicos: Para poder declararse arrepentido el imputado deberá dar información sobre otros que estuvieran en su mismo nivel en la organización delictiva o más arriba, no más abajo. Se está discutiendo en este momento la necesidad de obtener una declaración completa uno “a cuenta gotas”.

Quienes podrán acogerse: todos los que no puedan ser sujeto de juicio político, es decir presidente, vicepresidente, ministros y miembros de la Corte. De esta forma, y si quedara la redacción en estos términos, un secretario de un ministerio podría arrepentirse más no podría hacerlo su jefe el ministro, incluso cuando declarase en contra del propio Presidente.

Esta figura consiste, para decirlo en términos simplificados, en que una persona que ha cometido un hecho delictivo y está siendo investigada por la justicia, realice un pacto formal con la Fiscalía y obtenga una reducción de la pena que en teoría le correspondería por el delito cometido a cambio de que se declare culpable y brinde información de alta relevancia y definitoria para investigar los hechos, y desenmascarar a otros autores o cómplices de la trama delictiva que tengan una responsabilidad y jerarquía mayor que el supuesto arrepentido.

Sin embargo, para que esta ley funcione correctamente en Argentina, se requiere de una condición previa tan o más importante que la propia ley; algo difícil de hallar estas latitudes: una investigación iniciada por la Justicia y un prestigio de la misma en materia de eficacia (léase cantidad de condenas y de dinero recuperado por actos de corrupción), que haga temer a quienes han delinquido. Y cuando hablamos de esto nos referimos a un cuerpo de investigadores (incluido un moderno laboratorio de informática forense) que mediante el uso de un alto nivel de conocimiento y de modernas herramientas pueda llegar “hasta los huesos”. La valentía y coraje de buenos fiscales son condición esencial previa, pero con eso solo no se llega.

De otra forma, ¿por qué debería pactar la reducción de penas que estadísticamente nunca llegará?

Y no olvidemos que quien confiese sigue siendo un delincuente, ahora confeso. Por lo tanto la información aportada y su propia declaración en contra de otro acusado deberán ser analizadas con absoluto cuidado y validadas mediante otros medios de prueba. Y habrá que tener absoluto recaudo de que luego el delator no argumente que su declaración no ha sido libre y voluntaria, lo que podría invalidar lo actuado.

Recordemos que nuestro Código Penal prevé hoy por hoy, la figura del arrepentido para tres tipos de delito: narcotráfico, terrorismo y secuestros extorsivos, la figura del arrepentido está en plena vigencia en nuestro país (aunque no todos los expertos la consideran una herramienta exitosa). Mientras tanto, la delación premiada en materia de delitos de corrupción, ha sido clave para llegar a la punta de la pirámide de organizaciones criminales en casos como el FIFA Gate en EEUU, desbaratar el pacto de silencio en la mafia en Italia, o el resonante y muy actual caso de corrupción en Brasil que terminó con un hecho histórico: la destitución de una presidente.

La figura del arrepentido resulta potencialmente tan poderosa como su la vez, peligrosa. Tiene sentido discutir si el martillo es un elemento bueno o malo, útil o inútil? Un martillo puede ayudar a que un clavo perfore una pared y así pueda sostener un cuadro; también puede impactar contra uno de los dedos que sostenía el clavo. De ahí que la precisión con la cual esté legislado este tema y la pericia y prudencia con la cual se utilice, definirá su real eficacia.

Detengámonos en el siguiente análisis:

Cuando un individuo se arrepiente de algo que uno hizo o bien, que dejó de hacer, se auto-cuestiona una decisión que tomó en un momento pasado. Hay quienes desde una perspectiva más religiosa lo plantean como una situación importante y hasta un intento de reconciliación con uno mismo, incluso con la llave del acceso hacia el perdón. La persona se ha percatado que ha obrado de manera no virtuosa (ilegal o no), e intenta hacer algo para remediarlo, para poder volver a caminar con la frente alta, dormir un poco más tranquilo. Sin embargo parados en una postura más filosófica e incluso más pragmática, el arrepentimiento como un acto genuino, tiene muchos detractores y hasta es considerado un recurso estéril, pues aunque hoy alguien piense que ha obrado incorrecta o inadecuadamente, si lo ha hecho ha sido porque ha querido, porque tuvo la oportunidad y la libertad de decidir entre al menos dos monosílabos: “SÍ” o “NO” como bien lo expresa el filósofo Fernando Savater en su libro Ética para Amador. Entonces, cuál es el real valor del arrepentimiento?. Es obvio: la reducción de penas. Y es claro; quienes utilizan “arrepentimiento” como sinónimo de “delación premiada” se confunden. La Delación, se refiere a una acusación o denuncia. En esencia es algo diferente al arrepentimiento; de hecho lo más probable es que no venga acompañada de arrepentimiento alguno, sino simplemente modela un razonamiento basado en la conveniencia de quien se siente acorralado por sus propios actos: si me atrapan en esta, no salgo por 15 años… mejor hablo.

Y las razones que llevan a un potencial delator a hablar de “otros” delincuentes no debería quitar culpa al informante según una buena ley del arrepentido, sino, lisa y llanamente un intercambio de muy valiosos activos: “información comprobable para ir contra los demás delincuentes / corruptos, por disminución de las consecuencias de una justa condena (condena que debería existir para todos, independientemente de la aplicación posterior de los beneficios del citado intercambio)”.

Y cómo hacer para que alguien que ha evaluado que le convendría hablar, lo haga?. Es indispensable que el delator o informante confíe en la capacidad del Estado de garantizar su seguridad y la de su entorno familiar. Estamos hablando de organizaciones que no dudarán en callar a quien pone en peligro su condición de ciudadano libre de caminar por las calles.

Muchas veces he destacado es que te tipo de legislaciones contra la corrupción, deben ser acompañadas de un marco normativo más completo que contemple entre otras cuestiones tales como las expuestas en http://www.lanacion.com.ar/1858977-acciones-concretas-contra-los-sobornos .

Es sabido que durante un gobierno altamente corrupto la ley del arrepentido, lejos estará de ser aplicada; ni siquiera será discutida seriamente. Su certera aplicación, junto con otras herramientas vinculadas, los expondría al riesgo de que alguien “destape la olla”. Muchos países del primer mundo cuentan con esta figura que permite avanzar con mayor contundencia contra los máximos responsables de actos corruptos o líderes de asociaciones ilícitas.

Por todo esto, terminada una etapa donde no se hablaba seriamente de corrupción en la esfera pública, bienvenido el debate a la Argentina, y por qué no la mismísima Ley. En definitiva, la única forma de esperar resultados diferentes es haciendo cosas distintas.